OBALOVA nace de un taller con más de cuatro décadas de historia. En 1980, con apenas veintitantos años, los padres de nuestro fundador decidieron fabricar sus propias mochilas. No tenían local ni maquinaria industrial. Tenían una máquina de coser en casa de la abuela Juliana y la destreza de la abuela Luisa, costurera de oficio, que les enseñó a dar las primeras puntadas.

Con unas telas y esas primeras costuras, salieron las primeras mochilas. Funcionó. En tres meses se trasladaron a un pequeño bajo en la calle Barbacana de Denia y, entre familia, sacaron adelante los primeros pedidos. Cuando quisieron ir más allá, el padre construyó con sus propias manos un cajón de tintes para crear colores exclusivos que ningún proveedor ofrecía. Así nacieron las primeras colecciones con identidad propia.

El mercado fue evolucionando y el taller con él. Las mochilas dieron paso al cuero. Durante más de treinta años, sus maletines, portadocumentos y portafolios se convirtieron en un referente de manufactura en piel. Un oficio que se fue perfeccionando pieza a pieza, año tras año, con el mismo rigor y las mismas manos.

En 2016 llegó la siguiente generación. La misma premisa de siempre —colecciones propias, materiales de proximidad, producción alejada del fast fashion— pero con una mirada actual. Y de ese mismo taller, con ese mismo conocimiento acumulado durante décadas, surge OBALOVA: la aplicación de todo ese saber hacer artesanal al accesorio que acompaña a un perro cada día de su vida.

Hoy, cada collar, cada correa, cada arnés y cada portabolsas de OBALOVA se corta, se cose y se revisa a mano en Denia. Con piel vacuna de curtición española, herrajes de hierro sin recubrimiento y un código visual —cantos negros, hilo crema— que se mantiene en toda la colección. No es una fábrica. Es un atelier. Y lo que sale de aquí no se produce en serie. Se hace.